Reseña de “O lo uno o lo otro” de Kierkegaard: El dilema entre lo estético y lo ético

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Hay una angustia anterior a cualquier pregunta: la de saberse río. Nada permanece, todo deviene, y el yo parece un puñado de instantes que se disuelven mientras intenta atraparlos. Kierkegaard escribe desde ese vértigo, pero no para quedarse en él. Su libro hace un camino: de la angustia de ser fugaz, a la conciencia de que hay un adentro que nadie puede habitar por nosotros, hasta el acto más difícil y más simple: comprometerse a existir. No como quien contempla la corriente desde la orilla, sino como quien decide sumergirse en ella y llamarla propia.

Antes de abrir el libro: una conversación que ya empezó

O lo uno o lo otro no es una lectura que se agote en sí misma. Es una puerta, y del otro lado hay un diálogo que sigue abierto. En El Buzón Ágora lo vengo explorando en una serie sobre el vacío existencial, donde Kierkegaard conversa, a través de los siglos, con su gran contrincante: Nietzsche.

Todo empieza con un diagnóstico. En ¿Qué es el vacío existencial? ¿Por qué lo sentimos? parto de una paradoja de nuestro tiempo: nunca hubo tantas fórmulas para vivir mejor y, sin embargo, el vacío crece. Ahí aparece Johannes, el seductor del Diario, enamorado del deseo más que de Cordelia, frente al amor fati nietzscheano, que no le pide a la vida que deje de ser vida.

La segunda parada es ¿Cómo salir del vacío existencial?, donde el juez Wilhelm sostiene que la salida es elegir quién querés ser y sostenerlo en el tiempo. Nietzsche le contesta con una pregunta incómoda: ¿quién decidió que esa elección era buena? La disputa es entre el deber y la afirmación de la vida más allá del bien y del mal.

El recorrido termina en ¿Puede la fe sanar el vacío existencial?, donde la bifurcación es total. De un lado está el salto de fe de Abraham, que ni siquiera puede explicar su propio acto. Del otro, el salto al vacío de quien proclama la muerte de Dios y se anima a crear valores propios, como el niño de las tres transformaciones de Zaratustra.

Esta reseña es, en cierto modo, el origen de todo eso: el lugar donde Kierkegaard todavía no eligió bando y nos deja a nosotros la elección.

Y si el libro te despierta ganas de leer filosofía con más herramientas, de entender un texto difícil, preparar un parcial o aprender a argumentar y escribir con claridad, también doy clases particulares de Lengua, Literatura y Filosofía, online o presenciales, para estudiantes y para adultos que quieren estudiar por curiosidad.

El hombre detrás de los seudónimos

Søren Kierkegaard (Copenhague, 1813-1855) vivió en la Dinamarca del llamado Siglo de Oro danés, una época de esplendor cultural y de una cristiandad cómoda, burguesa, donde ser cristiano era casi un trámite de nacimiento. Contra ese adormecimiento escribió. Y contra otro monumento: el sistema de Hegel, que dominaba el pensamiento europeo y pretendía abarcar la totalidad de la realidad en una síntesis lógica donde el individuo concreto quedaba reducido a momento de un proceso universal. Kierkegaard preguntó lo que el sistema no podía responder: ¿y yo? ¿Quién muere mi muerte, quién elige mi elección?

Su biografía es inseparable de la obra. En 1840 se comprometió con Regine Olsen y un año después rompió el compromiso, devolviéndole el anillo. Las razones siguen discutiéndose: su melancolía, un sentimiento de vocación incompatible con el matrimonio, un secreto familiar de culpa heredada. Lo cierto es que esa herida habita cada página de O lo uno o lo otro (1843), donde el matrimonio es defendido con una elocuencia que su autor se negó a vivir.

El nacimiento de una pregunta

Pocas obras merecen tanto el título de piedra fundacional del existencialismo. Antes de Heidegger, Sartre o Camus, Kierkegaard ya sostenía que la verdad filosófica más importante no es la que se demuestra sino la que se vive, y que la existencia no se resuelve con conceptos sino con decisiones. Aquí aparece, en estado germinal, la idea de que el individuo es responsable de darle forma a su vida, y de que no elegir también es una elección, la peor disfrazada.

La premisa: dos modos de habitar el mundo

El libro pone frente a frente dos esferas de la existencia. La estética es la vida regida por el instante, el placer, el interés, la intensidad. Su cara luminosa es el goce; su sombra, el aburrimiento, ese enemigo que el esteta combate con refinamientos cada vez más sofisticados y que nunca vence. Su cumbre y su abismo es El diario del seductor, donde Johannes convierte la conquista de una joven en obra de arte calculada, saboreando la anticipación más que la posesión. Es un texto de belleza inquietante: la seducción como estética pura, y la persona amada como material.

La esfera ética, en cambio, es la del deber, la continuidad, la elección de sí mismo con todo lo que uno es, y el compromiso que da duración a lo que el instante disuelve. Su emblema es el matrimonio, que el Juez Wilhelm defiende no como rutina sino como la forma más alta del amor: la decisión de volver a elegir al otro todos los días, convirtiendo el sentimiento en historia.

Lo notable es que Kierkegaard no escribe un tratado que declare ganador. Presenta ambas vidas desde adentro, con tal fuerza que el lector queda atrapado en el dilema, que es el verdadero propósito: o lo uno o lo otro no se resuelve leyendo, se resuelve eligiendo.

Máscaras que dicen la verdad

El recurso de los seudónimos es el corazón del método. Víctor Eremita, “el ermitaño victorioso”, se presenta como editor que encontró unos papeles en el cajón secreto de un escritorio viejo, y que compró en un arranque de capricho. Allí hay dos manuscritos: los papeles de A, joven esteta de ánimo cambiante, brillante y desencantado; y las cartas del Juez Wilhelm, magistrado casado, sereno, paternal, algo sermoneador. Kierkegaard desaparece detrás de ellos.

La estrategia es filosófica, no un juego literario. Si él hablara en primera persona, el lector recibiría una doctrina para aceptar o rechazar. Con voces encarnadas, el lector debe experimentar cada postura, medirla en la piel. Es la comunicación indirecta: no se transmite una verdad, se despierta una pregunta.

Una prosa que respira vida

Aquí está quizás la mayor sorpresa para quien teme a la filosofía. Kierkegaard no escribe como un profesor, escribe como un poeta que piensa. Los ensayos de A tienen ritmo de música y de ironía; los de Wilhelm, el pulso largo de la conversación sensata. El lenguaje no explica la vida desde afuera: la hace suceder ante nosotros. Uno no entiende el aburrimiento, lo siente en los célebres aforismos del “Diapsálmata”, donde el esteta confiesa que se ha reído de todo y ya nada le hace gracia. Uno no aprende sobre el matrimonio, lo ve en la intimidad de una carta paterna.

Los temas son de una riqueza desbordante. A dedica páginas deslumbrantes a Don Giovanni de Mozart, que para él es la expresión musical perfecta del deseo sensual; a la tragedia griega y su reinterpretación moderna, con el análisis de Antígona y el dolor trágico; al teatro, con reflexiones sobre el actor y la comedia de Scribe; y al “rotar los cultivos”, ensayo irónico sobre el arte de no aburrirse, donde se propone variar la forma de gozar en lugar del objeto. Del otro lado, Wilhelm discute el amor conyugal, el trabajo, la amistad y la vocación con una calidez que desarma. Y como siempre en Kierkegaard, todo interpela: cada página termina preguntándole al lector quién es y qué está haciendo con su tiempo.

La vigencia: vivir en modo estético

Si algo hace que este libro de 1843 parezca escrito esta mañana, es que nuestra época es, a gran escala, la de A. Vivimos entre pantallas que ofrecen novedad inagotable, relaciones que se descartan al primer aburrimiento, identidades que se editan como perfiles, y la persistente sensación de que hay algo más interesante en otra parte. La crisis de sentido contemporánea es la desesperación estética: el hambre de intensidad que, cuanto más se alimenta, más vacío deja. Kierkegaard diagnosticó, antes de la tecnología que lo agravaría, el malestar de quien lo prueba todo y no se compromete con nada.

Pero tampoco es un libro de respuestas fáciles. Tomar en serio a Wilhelm exige reconocer que el compromiso puede volverse costumbre y la ética, mera respetabilidad. El libro vale porque no tranquiliza.

¿A quién se lo recomiendo?

A un público más amplio de lo que cabe esperar de un texto de filosofía. Su vehículo literario (cartas, diarios, aforismos, personajes) lo vuelve accesible a quien nunca abrió un libro de este género. Se lee bien como literatura, y se disfruta en varios niveles según el bagaje que cada uno traiga.

Esa es también su advertencia: la primera parte, la de A, es un gran viaje por textos clásicos, música y arte. Quien conozca Don Giovanni, la tragedia griega o el teatro de la época lo saboreará mucho más; quien no, deberá darse algo de paciencia o buscar referencias al margen. No es un obstáculo infranqueable, pero sí una capa que premia el conocimiento previo.

Balance

A favor: una escritura viva y poética que encarna la filosofía en lugar de explicarla; el dilema central, atemporal y hoy más urgente que nunca; la riqueza de temas artísticos; la polifonía que obliga al lector a pensar por sí mismo; y su condición de puerta de entrada al existencialismo.

En contra: la extensión y densidad de ciertos pasajes; las abundantes referencias culturales que pueden perder a quien no las conoce; el ritmo desparejo, con partes deslumbrantes y otras más lentas; y una segunda parte, la ética, que algunos lectores sentirán más didáctica y menos seductora que la primera.

Para cerrar

Kierkegaard no pretende que cierres el libro con una respuesta. Quiere que lo cierres con una incomodidad fértil. Porque la vida no se contempla: se elige, y cada día en que no eliges, otro elige por ti.

Entonces, ¿qué estás esperando para elegirte, si el tiempo ya está eligiendo por vos?


Ficha técnica

  • Título: O lo uno o lo otro. Un fragmento de vida (título original danés: Enten – Eller. Et Livs-Fragment)
  • Autor: Søren Kierkegaard, publicado bajo el seudónimo de Víctor Eremita como editor ficticio
  • Año de publicación: 1843, Copenhague. Fue su primera obra publicada.
  • Estructura: dos partes. La Primera reúne los papeles de A, el esteta (Diapsálmata, los ensayos sobre Don Giovanni y Antígona, “Rotación de cultivos” y Diario del seductor). La Segunda reúne las cartas del Juez Wilhelm, el ético: “La validez estética del matrimonio”, “El equilibrio entre lo estético y lo ético en la formación de la personalidad” y “Ultimátum”.
  • Edición recomendada: Escritos de Søren Kierkegaard, Editorial Trotta (Madrid). Es la primera traducción íntegra y anotada del danés al castellano, a cargo de Darío González y Begonya Sáez Tajafuerce. Se publica en dos volúmenes: Vol. 2/1 (Primera Parte, 2006) y Vol. 3 (Segunda Parte, 2007).
  • Extensión: la Primera Parte de la edición de Trotta tiene unas 437 páginas. No pude confirmar la paginación del segundo volumen, así que conviene chequearla en la edición que consigas.
  • Para empezar por algo más breve: Diario de un seductor (Alianza Editorial) funciona como puerta de entrada, aunque separado del resto pierde el contrapunto con la voz ética.

¿Te animás a elegir? Antes de decidir si este libro es para vos, hacé un experimento: abrilo en cualquier página. Es posible que caigas en un aforismo que dice exactamente lo que sentiste el domingo a la noche, o en una carta paternal que te haga mirar distinto a quien dormía a tu lado. Eso es O lo uno o lo otro: un libro que no se lee, se atraviesa. Dos mil quinientas voces de tu propia vida, prestadas por un danés de hace casi doscientos años.

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